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El 21 de mayo de 1923 paga con corderos para participar en la ceremonia del Hain

El deseo largamente postergado del etnólogo alemán Martín Gusinde, de poder presenciar la singular ceremonia del Hain, logra por fin concretarse este día. El acuerdo que alcanzó con los selk´nam, para obtener ese derecho, lo obligó a “contribuir con 300 corderos, que luego incremento en 360 para el mantenimiento alimenticio de los indígenas intervinientes en dicha ceremonia, que duró siete semanas” y concluyó el 7 de julio de 1923 (Nicolás Matijevic. Museo del Fin del Mundo).

Para Gusinde, esa ceremonia constituyó “uno de los mayores acontecimientos de importancia vividos en sus investigaciones fueguinas”.
Gracias a la participación del sacerdote alemán la posteridad pudo contar con un valiosísimo material fotográfico y descriptivo de la ceremonia que consumaba el paso de la adolescencia a la madurez de los jóvenes selk´nam.

También permitió comprender el desarrollo cultural de este pueblo, que desplegaba en medio del bosque fueguino un verdadero espectáculo místico teatral, con pinturas corporales y representaciones simbólicas de una gran complejidad.

La participación de Gusinde implicó su simbiosis con los hábitos de vida de los nativos y le produjo un gran deterioro en su salud, “después de cuatro semanas, sentía ya los síntomas del escorbuto y posteriormente de la anemia, provocada por la falta de luz solar, según su propia opinión”.

Para poder recuperarse se tomó “unos días de descanso en una estancia vecina, de propiedad de los Padres Salesianos, y regresa a Punta Remolino a pie, dado que la nieve impedía la marcha a caballo.  Este viaje lo hace acompañado por dos indígenas de la tribu de los Selk’nam y corre el riesgo de morir congelado.  Por fin, llega a Puerto Harberton, donde se recupera y prosigue el viaje a Punta Remolino pasando el invierno con la familia Lawrence” (op.cit.).

Entre 1918 y 1924, Martín Gusinde realizó cuatro viajes para investigar las etnias fueguinas; aportando una gran cantidad de material documental y testimonial sobre sus hábitos de supervivencia, sus creencias y el desarrollo cultural alcanzado en esa región extrema.
Esos viajes fueron providenciales, dado que rescataron gran parte de ese bagaje cultural cuando las poblaciones nativas ya se encontraban en pleno período de declinación.  

Sus observaciones nutrieron a varias generaciones de científicos y divulgaron sus importantes hallazgos en un extenso material bibliográfico.

 

 

Autor : Bernardo Veksler – Diario del Fin del Mundo

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