19 de junio de 2022

Antártica: científicos estudian cómo llegan los virus y contaminación por vía aérea

El origen de los microbios antárticos no se conoce bien, pero se sabe que el aire circulante es un factor clave en la llegada de contaminantes orgánicos persistentes.

Es un hecho: la Antártica está conectada con el resto del planeta. Lo que pasa en el resto del mundo repercute en el prístino continente y viceversa. La contaminación y los virus pueden llegar hasta el continente blanco, por ejemplo, a través de corrientes oceánicas, de la atmósfera o inclusive por animales migratorios.

El Dr. Eduardo Castro, de la Universidad Andrés Bello, pertenece al Programa Nacional de Ciencia Antártica (Procien) y durante el pasado verano junto a un equipo multidisciplinario fue parte de la expedición que organiza el Instituto Antártico Chileno (Inach). 

Castro y sus colegas tomaron muestras de aire circulante sobre Antártica para comenzar a dilucidar el transporte de contaminantes y microbios, y evaluar sus reservorios y posibles fuentes.

Los trabajos comenzaron en noviembre del 2021 en la Estación Polar Científica Conjunta Glaciar Unión, donde tomaron muestras de contaminantes orgánicos persistentes (COP) y microorganismos en el aire por doce días.

Buscamos generar modelos estadísticos de impacto futuro de acuerdo con escenarios de cambio climático de diversa severidad para entender si el transporte microbiano y de contaminantes desde otros continentes a la Antártida aumentará o no. El origen de los microbios antárticos no se conoce bien, pero se sabe que la dispersión eólica es un factor clave”, explica Castro.

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Los COP son producidos por la actividad humana en industrias y sectores altamente impactados. Se transportan por el aire y son de larga vida. “Se acumulan en la cadena alimenticia, en el ambiente con desprendimientos secundarios. Estos contaminantes son súper resistentes, pero son trazas, entonces necesitamos tomar grandes cantidades de volúmenes para luego detectarlos”, añade.

Castro comenta que saben que los microorganismos pueden vivir en distintos ambientes, pero no saben cómo llegan ahí. Tienen conocimiento de la existencia de rutas de contaminantes por animales (aves), humanos y otras pasivas como las corrientes marinas.

Eduardo Castro resalta que “aunque sabemos que los microbios pueden ser transportados por el viento y que los microbios antárticos exhiben rasgos a menudo asociados con áreas industriales, no se ha evaluado el impacto del transporte y la deposición potencial de microbios en el ecosistema terrestre". 

Sin embargo, se desconoce el efecto de estos contaminantes sobre la biota terrestre, así como su posible impacto futuro a la luz del cambio climático.



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