23 de marzo de 2022

El coaching con perspectiva de género: una herramienta necesaria para una real inserción laboral de las mujeres

Columna de opinión de Paula Hernández, coaching y fundadora de Casa de Mujeres.

No es fácil posicionarse en el mundo laboral y es mucho más difícil para las mujeres en un entorno donde el género sigue siendo una variable determinante a la hora de avanzar en nuestras respectivas carreras profesionales y donde los hombres siguen teniendo preponderancia en altos puestos de dirección, en la mayoría de las áreas.

En este contexto, el Coaching se ha transformado en una herramienta poderosa para potenciar nuestros recursos personales y sacar a la luz nuestros talentos y rápidamente, se ha posicionado en el segundo sector de mayor crecimiento en el mundo, según MarketData LLC. Y, en los años que vienen, será una norma en el mundo de los negocios, según Time Magazine.

En Chile, el impacto no ha sido menor. Si bien no hay nuevas estadísticas respecto al número de coaches ejerciendo, hasta el año 2009, se contaban cerca de tres mil. Estos números, solo van en alza. Y con un exponencial crecimiento, ¿será necesario ponerle lentes violeta a esta disciplina? Al menos yo, creo que la perspectiva de género no solo es necesaria, sino urgente.

Si bien nosotros como coaches acompañamos a las personas a autodescubrirse y a pasar a la acción encontrando sus propias herramientas y recursos, sin dar opiniones ni aconsejando, ¿Qué pasa cuando en esos procesos escuchamos relatos de mujeres de acoso sexual o laboral, o cuando escuchamos que sus esfuerzos y expectativas están siendo en vano porque se encuentran con el famoso “Techo de Cristal”?

Porque solo reparando en esto último, debemos tener en cuenta, por dar un ejemplo de las decenas de casos que me encuentro como profesional día a día, que en Chile sólo un 5% de las empresas tiene mujeres en puestos gerenciales.

Es ahí donde creo que hoy, más que nunca, tenemos la responsabilidad de ejercer un coaching violeta. Un coaching en el que acompañemos a las personas a alcanzar sus objetivos cambiando esa visión individualista y meritocrática por un enfoque que tiene en cuenta el género y otros condicionantes socioculturales. Porque las mujeres no podemos solas, ni depende sólo de nuestro talento o de nuestra actitud. Porque querámoslo o no, nuestros objetivos, dolores, creencias y recursos, están atravesados por nuestro género, orientación e identidad sexual, origen, etnia, religión o clase social.

Hoy, creo más que nunca, que tenemos la responsabilidad de cuestionar y reparar nuestra manera de acompañar. Hoy, debemos aplicar la perspectiva de género, de tal manera que el proceso sea cercano y amoroso y, permita a hombres mostrarse vulnerables y a las mujeres nos refuerce el permiso y la libertad de conectarnos con quienes somos, con los recursos que tenemos, sin olvidarnos del contexto.

Si no, el resultado puede ser tan contrario a lo que apuntamos, como que estemos revictimizando a una persona que está sufriendo una injusticia o, quizás incluso, permitiendo de manera indirecta que ésta se perpetúe en el tiempo.


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