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Una travesía de aventureros

Debajo de la línea del ecuador un rosario de países integran hoy gran parte de América del Sur, pero muy cerca del Polo Sur aparece esta ciudad de apenas dos mil habitantes como puerta de la Antártida.

Para llegar hasta estos parajes, poco antes, el ferry Yaghan, que hace honor a una de los más relevantes pueblos originarios existentes mucho antes de la colonización, realiza un trayecto de 32 horas que se antoja algo sencillo.

Muy cerca de Ushuaia, Argentina, el puesto de Carabineros de Chile de Yendegaia recuerda a los cuentos macondianos de Gabriel García Márquez. Con entusiasmo, carabineros ingresan al barco para descargar mercancías.

Uno de ellos relata a Prensa Latina que su labor consiste en custodiar la zona. Son 14 carabineros, que deben permanecer en funciones durante 40 días seguidos. Al cabo de ese período, son relevados y disfrutan de 14 días de vacaciones.

Mucho antes, el recorrido que se inicia en Punta Arenas, capital de la Región de Magallanes y la Antártica chilena, asume con destreza una suerte de encrucijada entre los canales patagónicos, el Estrecho de Magallanes y el océano Pacífico.

Eduardo Leal, capitán del Yaghan, declaró con orgullo a Prensa Latina que lleva 38 años en esta compleja tarea. Entrena a tres oficiales con la esperanza de garantizar un buen relevo, ‘porque le tengo mucho amor a la profesión de marino’.

‘Navegamos en rutas extremas, por los fuertes vientos del oeste que azotan toda la costa del sur de Chile, con ráfagas de hasta 170 kilómetros por hora. Lo más triste es el impacto del cambio climático, hay menos nieve ahora’, comentó.

Leal, a otra pregunta de Prensa Latina, recalcó que los mismos glaciares, aún hermosos y deslumbrantes, han ido perdiendo el hielo milenario en una ruta que se ha convertido en un espejo de los avatares del clima en el mundo.

A lo largo de su carrera recordó momentos difíciles por la intensidad del viento del cual el buque se resguarda detrás de islas y fondeaderos, dentro de los canales interiores de Cabo de Hornos, salvo en la peligrosa zona del Pacífico.

Ahí se forma olas de siete u ocho metros de altura, pero logramos sortear sus embates por otros pasos, además de contar con embarcaciones de vigilancia y seguridad de la Armada chilena, explicó el capitán Leal.

Un capítulo que no puede dejar de remitirse a la proeza del navegante portugués Hernando de Magallanes, hace casi 500 años al servicio de la Corona Española.

Al mando de la nave la Trinidad, emprendió rumbo en busca de nuevas tierras en América, confundidas por Cristóbal Colón como la Indias.

Con otras cuatro embarcaciones, Magallanes enfrentó numerosos tropiezos, entre ellos la pérdida de un barco y motines en otras naves. El 31 de marzo de 1520 recaló en una gran bahía a la que llamó San Julián.

El 21 de octubre de 1520 descubrió un cabo detrás del cual se divisaba una gran entrada de mar que bautizó como de las Once mil Vírgenes.

Frente a un sinnúmero de vicisitudes y traiciones, el 27 de noviembre de 1520, finalmente ingresó al océano que bautizó como Pacifico, por el estrecho que justamente mereció años después el nombre de Hernando de Magallanes.

 

Por Fausto Triana

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